40 años de silencio

Se nos llena la boca hablando de democracia y, sin embargo, caen en el olvido aquellas personas que arriesgaron y dieron su vida por conseguirla. Nací en el año 87 y no puedo imaginarme acudiendo a una manifestación para evitar una condena de pena de muerte a ningún vecino mío. No obstante, es lo que hicieron tantos y tantos ciudadanos a lo largo y ancho de aquella España franquista, en todo Pueblo Vasco y en la ciudad de Eibar. En Eibar, precisamente, se manifestaba un joven de 21 años, que había estudiado en la Escuela de Armería y que había llegado a trabajar de electricista en la emblemática firma eibarresa AYA. Aquel joven, Roberto Perez Jauregi, se manifestaba el 4 de diciembre de 1970 para defender la vida de los procesados en Burgos. Y murió a tiros de la policía.

La defensa de la vida de otros la tuvo que pagar con su propia vida. Su vida y la de muchos otros es el precio que hemos tenido que pagar para alcanzar una democracia que sigue olvidando a aquellos que dieron su vida por conseguirla. Quienes hemos heredado un mundo más fácil tenemos la obligación de exigir memoria y justicia para aquellos que dieron su vida para que las siguientes generaciones no tuvieramos que seguir con ese sufrimiento. 40 años es demasiado silencio, ya es hora de exigir memoria y justicia para Roberto, una víctima más de esa banda terrorista convertida en Estado ilegal.

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