Los límites de la libertad que algunos buscaban en Euskadi

Eran fiestas de Bilbao y un amigo me obsequió con un surtido de pegatinas de índole nacionalista, como la ya conocida pegatina “Good bye Spain” de EGI.

En reiteradas ocasiones he manifestado el derecho de quien así lo desee pueda manifestar su pasión, pertenencia o llámesele-como-se-quiera-sentimiento hacia España, hacia su bandera o hacia su selección de fútbol. Defiendo que quien lo sienta tenga el absoluto derecho a hacerlo en libertad.

De la misma manera defiendo la libertad de que quien no se sienta identificado con el proyecto nacional español, es decir, quien no desea al Estado español como nación suya, tenga el mismo derecho a expresar en libertad que no es ese el país que siente como propio.

Creo que es bien sencillo de entender. Respetemos al resto de personas que conviven con nosotros. Que expresen libremente sus deseos, sus aspiraciones, sus sentimientos. Y ya.

Pues bien: como comentaba, me obsequiaron con una colección de pegatinas que muchísimos amigos me pidieron. Y, curiosamente, uno de los que me pidió la pegatina era un militante del PSE, que dudo que comulgue con esa pegatina con Ikurriña de fondo y un mensaje claro con letra vasca: Good bye Spain. Pero me la pidió, y se la dí. Mi amigo se puso la pegatina ante la mirada atónita de una compañera de filas de su partido (o así me la presentó él, al menos). Su compañera le quitó la pegatina y la tiró al suelo.

Procuré hacerlo desde el más escrupuloso respeto: le expliqué a su amiga que yo nunca le quitaría a ella ni a ningún amigo mío una bandera española del torso. Que, me gustase o no, respetaría sus opciones y expresiones. Mi amigo me pidió otra pegatina y, una vez más, su amiga se la arrebató y la pisó.

Le pregunté a esa chica socialista si es esa la libertad que los socialistas venían reclamando. No me contestó y ví que, al igual que critican de otros mundos, en el constitucionalismo español que tanta falta de libertad ha criticado durante los últimos años en este país, existe gente con la misma ansia y la misma falta de respeto que en las posiciones nacionalistas vascas más radicales que he visto criticar desde que a finales de EGB me empezó a interesar la política.

No obstante, seguiré defendiendo que aquella chica pueda decir abiertamente que quiere seguir siendo parte de España. Pero no estoy dispuesto a tolerar ese tipo de comportamientos eleuterofóbicos. Si mi libertad acaba donde empieza la suya, que sepa ella poner límite también a la suya.

Aunque yo pueda gritar Gora Euskadi askatuta! no deseo una Euskadi libre que no esté basada en una Euskadi en libertad.

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